Castillo plaza de armas y recinto amurallado

No se puede separar el estudio de ambos elementos puesto que constituyen una unidad de índole estratégico-defensiva sobre el lugar idóneo que se escogiera para la población. Los restos de muralla del recinto nos dan la fecha del Califato en su construcción y naturalmente, el castillo más o menos modificado o reconstruido en tiempos posteriores, debió tener su origen también en el siglo VIII o IX, en el Califato.

Del castillo de época califal, quedan restos de lienzo de sus murallas y algunas torres, el patio de armas, corresponden a la parte, podríamos decir, interior de una fortificación que estaba en el extremo norte del recinto amurallado y cuya parte exterior ha desaparecido, es decir, los planos que tenemos hoy, a simple vista, se ve  que corresponde al ángulo sureste del patio de armas que en un principio, se extendería en forma cuadrada o rectangular, con sus torres y murallas al nivel de las del recinto general.

La causa de la desaparición, la tenemos en la pérdida de su papel estratégico a partir de la conquista de Granada. Su estado de ruina por una parte y la utilización de sus materiales con el crecimiento del pueblo por otra, que no sólo edificó casas con materiales de derribo, sino que realmente se apropió de los espacios vacíos alrededor de las torres y en los interiores, como la plaza de armas, con pequeñas casas, que en muchos casos taladran las murallas para aprovechamiento de habitaciones.

Queda una torre principal y el total formando un ángulo recto de muralla con salientes en las esquinas y en el lienzo Norte, en cuya esquina vemos una avanzada construcción defensiva a nivel del mismo vértice del ángulo, pero curiosamente exterior, como un primer recinto «antemuros», especie de adarve del mismo castillo. La única torre que se conserva con estructura interna es la del Homenaje, con dos pequeñas cámaras superpuestas cubiertas por cúpulas hoy muy dañadas. Según el arquitecto Castro Escobar, las dimensiones de la Plaza de Armas serían de unos 40 x 30 m., estando formada su tapia de cerramiento por una mampostería careada, rejuntándose las llagas con mortero y rematándose todas las esquinas con sillarejos. El ancho del muro es de 2,60 m., apreciándose en el adarve, según M. Angeles Raya y Fernando Moreno, aspilleras y restos de merlones prismáticos. El arquitecto que citamos sigue la opinión del acceso a este Castillo por el lomo del cerro, como indicaba Ramírez de las Casas-Deza, por la parte lateral Oeste de la Plaza de Armas, que estaría conectada con la «Madina» por su lienzo Este, donde aún se puede ver un gran arco tapiado, coincidente con lo que debió ser Torre del Homenaje. En el centro del patio se encuentra un aljibe, de planta rectangular.

La línea mural del recinto la vemos perfectamente adaptada a la máxima curva de nivel, tanto que a partir de los restos que se conservan, sobre todo en la parte Sur y Oeste, siguen perfectamente las líneas que marcan el máximo nivel del terreno y constituyen el cerramiento de la superficie más o menos plana, descendente del cerro sobre el que se asienta. El Castillo cierra los espacios que bajan desde la Sierra con una cierta horizontalidad descendente; por esta parte hicieron también correr las cañerías de agua que, como vemos por los datos históricos, fueron cortadas por los cristianos, precipitando la entrega a Fernando III en 1240.

En el estado actual del amurallamiento, no podemos apreciar el número de torres que salían del panel de la muralla, muchas veces como simples engrosamientos para la estabilidad constructiva, y, como es natural, dadas las reconstrucciones de diferentes épocas, se precisan las distancias a que se encontraban unas de otras, aunque hemos de tener en cuenta que dada la naturaleza del lugar, de tajos y precipicios, en muchos sitios bastó la sola línea de muralla. No se hizo sobre el castillo la entrada principal, aunque la Puerta de la Villa está próxima y podía protegerse desde ésta, sino que buscó, mirando al tajo más profundo, una entrada lateral perfectamente batida desde las murallas superiores. En la parte central hubo el postigo o puerta que llevaba a lo que posteriormente sería el Santuario de los Angeles, y en la parte occidental, en los tajos calizos, también aparece el Postigo del Ahechadero, llamado así porque en los tiempos modernos servía para arrojar todos los derrubios, desechos, basuras y escombros que sobraban en el recinto mural.

Hoy día por la zona Norte fundamentalmente, se ha desbordado el casco urbano, llegando por una parte hasta el Cementerio, y por otra casi al humilladero de la Virgen de los Angeles, y se ha  construido el principal acceso a la villa de forma más cómoda desde la carretera de San Calixto, con entrada a la cota más llana.

En la  otra parte nos encontramos con la Plaza del Ayuntamiento y resto del pueblo, en cuyo sur se ha forzado la salida de los grandes edificios escolares con una carretera que vuelve a comunicarse con la entrada al pueblo procedente de Moratalla.

Así describió el castillo y recinto amurallado, hace un siglo (1840) D. Luís Mª Ramírez de las Casas-Deza: “En el lado N.O. y lugar llamado los Caños se ven las ruinas del castillo, del que quedan algunos lienzos y torres desmochadas y desmoronadas cubiertas de  matorrales, que produce en aquel sitio una vegetación tan montaraz como vigorosa. Arrimadas al castillo hay algunas casas de teja que han buscado apoyo en los muros y torres de la desmantelada fortaleza, y algunas chozas, lo que recuerda el estado de aquellas, en otra edad, famosas ciudades, que el tiempo ha reducido a oscuras aldeas, donde al lado de las ruinas de magníficos edificios se levantan las humildes moradas de sus modernos habitantes”. “Por el borde del cerro en que está asentada la población se descubren restos de los muros y algunos cubos a trechos en medio de las pitas e higueras silvestres y otras plantas bravías que nacen por todas partes”.

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